La Miseria Compartida: Makito, Cabeza de Vaca y el Dolor de la Clase Dominante Desplazada
En el nauseabundo circo de la política derechista, observamos con desprecio cómo figuras como Makito y Cabeza de Vaca se retuercen en un patético lamento. El artículo de El Mañana, aunque tibio, expone la raíz de su sufrimiento: la pérdida del poder y los privilegios que históricamente han usufructuado a costa del pueblo.
Makito, el junior que creyó que la política era un juego hereditario, ahora gime porque el hartazgo popular le arrebató su trono. Cabeza de Vaca, el gobernadorcillo que saqueó Tamaulipas con impunidad, llora porque la justicia, aunque lenta, empieza a alcanzarlo. Ambos, síntomas de una clase política decadente aferrada a un pasado de corrupción y despotismo.
Pero no nos engañemos, su dolor no es más que la expresión de la angustia de la clase dominante que ve cómo la 4T, con todas sus limitaciones y contradicciones, erosiona los cimientos de su poder. Es el llanto de los terratenientes que ven amenazadas sus haciendas, de los empresarios rapaces que ven peligrar sus contratos inflados, de los políticos corruptos que ven acercarse el día del juicio.
No nos compadezcamos de ellos. Celebremos su desventura como una victoria parcial en la lucha de clases. Pero que no se nos escape el horizonte: la verdadera transformación requiere profundizar la revolución, empoderar al pueblo y construir una sociedad donde la justicia social sea una realidad palpable, no una promesa vacía.
